...Al cabo, cobré ánimo y le di una llamada.
Me respondió en seguida y oí su voz suave.
No estaba enfadada más conmigo, ni siquiera mencionó lo que le dije última vez.
Tuvimos una conversación muy amistosa, pero...
Ella no era la misma.
No éramos los mismos los dos.
Se quedaba su manera de hablar, y como antes me interrumpía cada segundo; bromeaba y se reía del mismo modo.
Pero con todo, había cambiado y cambiado mucho.
Ya era diferente.
Era muy diferente de la pesona con la que me daba un paseo cada vez que nos sentíamos aburridos, con la que solíamos hablarnos horas de básicamente nada; la persona que siempre te echaba una mano sin que se lo pidieras, que entendía sin que le dijeras una palabra.
Despues de colgar no se sabe por qué me sentí horriblemente solo.
Aún estuve sentado en el sillón algún tiempo pensando en todo lo que me había pasado reciéntemente, y luego me fui roto a la cama.
Aquella noche no me dormí.
Le dejé mi número a ella, pero nunca más nos hemos hablado.