José y Carmen viven cerca de la casa del señor Prado.
Carmen suele llamarlo “el jefe de José”.
Eso no gusta a José.
Para él, es “el señor Prado”, vecino, casi amigo…
Pero en realidad, no hay tanta comprehención entre los hombres.
José acepta cenar con su jefe, aunque odia la barbecoa.
El señor Prado vive en un barrio Nuevo.
Su casa tiene un jardín donde puede hacer barbecoa.
Además, el señor tiene un coche de lujo.
Siempre lleva un traje y una corbata grises.
Incluso mientras cena con sus vecinas, no se cambia.
Durante la cena José trata de ser amable y atento y de mantener la conversación.
En efecto, no tiene mucho en común con su jefe.
Sus puntos de vista politicos y religiosos son muy diferentes.
Pues, hablan de los animales.
La pareja tiene un perro.
Y el señor Prado tiene en su casa un conejo.
Es la mascota querida de su sobrino.
Esta está loca con su conejo y a menuda viene a casa del señor Prado.
Es alegría para él de verla.
Después de unos días José y Carmen están en su salón mirando la tele.
De repente entra su perro llevando en sus dientes un conejo muerto.
Los chicos no reflexionan ni un minuto.
José siquiera ni piensa confesar honestamente a su “amigo”.
Deciden meter el corejo en la jaula esa misma noche.
La mañana siguiente el señor Prada se queja a José y Carmen de lo que se ha sucedido.
Ha encontrado el conejo sucio y lleno de arena en la jaula.
Pero la mascota murió y estuvo enterrado hace una semana…