Ya no es la luna quién alumbra mi habitación, sino luces escapadas de las ventanas insomnes.
Ya no son los cascabeles de las vacas que escucho cuando aguzo el oído, sino el zumbido de los coches, siempre tan grave, siempre tan regular.
Ya no es el bosque y la tranquilidad del campo que encuentro cuando huyo de casa, sino otras calles, otras carreteras y otras casas amontonadas a lo largo de las aceras.
Ya no es el color del cielo que percibo a través de la ventana, sino las paredes tan cercanas de otro edificio.
Ya no es mi ciudad en su joyero verde, sino la capital agitada de este país que vive de noche.
Ya no son los lugares de mi infancia, sino un montón de sorpresas a cada paso.
Ya no son días previsibles y caminos ciegos, sino cambios a cada segundo y hallazgos a millares.
Ya no es aquí, sino allí.
Ya no es antes, sino ahora.
“Allí” se ha convertido en mi “aquí”.
Y es ahora cuando florece el presente.