Ahora me estoy ocupando de una tortuguita que fue golpeada por un auto.
El casco se rompió en tres pedazos.
Ella hace unos sonidos muy raros.
Cuando me mira, puedo ver una interrogación en sus ojos.
No entiende lo que pasa. Yo tampoco.
No puedo creer que alguien la golpeó sin mirar atrás.
Como si se tratara de una piedra inerte, sin amor ni dolor.
Ella tuvo muy mala suerte.
Yo, soy afortunada.
Puedo acompañar de cerca la lucha por sobrevivir.
La vida es tan tenue.
Un paso adelante y puedo no más estar viva.
Así se pasa con todos, incluyendo la tortuguita.
Pero, tenemos, las dos, una voluntad increíble para vivir.
Y así se pasan mis días, viviendo cada día como si fuera una suerte a más.