Desde hace más de 45 años, el Che murió sin embargo conoce todavía la notoriedad.
En primer lugar, Ernesto Guevara permanece un mito revolucionario, un latinoamericano muy fascinante tanto entre las nuevas generaciones que entre las más viejas.
Además, según los jóvenes, el Che vuelve un pozo profundo para descubrir, entrañas secretas para hurgar.
No obstante, Guevara es igualmente una figura de consumo qué retrata deliberadamente la sociedad de hoy.
Camilo Guevara, hijo del político ha manifestado su oposición a la comercialización desproporcionada de la imagen de su padre.
Remeras, muñequeras, llaveros y mismo cigarrillos ha ido de un símbolo subversivo en una especie de rockero.
Lo que es más, ha sido abordado tanto por el cine que por la pequeña pantalla y la literatura y hasta la música.
En conjunto, supone que el Che y todo su universo vive un síndrome de consumo y ocurre indiscutiblemente una degradación del mito.
Aunque haga renacer el Che, su verdadera imagen se va a desaparecer…para siempre.
Hace falta que perfore le burbuja creado en torno del cadáver de un icono vuelto un mito político para ciertos y un hombre de moda para otros.