Para empezar tengo una pregunta: ¿Habéis probado alguna vez los platos típicos de Chequia?
Si no sabéis de qué hablo, lo típico son las salsas muy potentes hechas con nata y grasa, los knedlíky hechos de pan y la cerveza checa.
Nada de verdura, nada de fruta y esto no es todo: cuando comemos nunca bebemos agua.
La comida española, dentro de la cocina mediterránea, es conocida por ser muy saludable.
Mucha verdura, mucha fruta, mucho pescado y todo fresco.
Además hace tanto calor que no tenemos ni ganas de comer y entonces bebemos litros de agua por día para apagar la sed.
Parece ideal, ¿no?
Pues a veces las cosas no son lo que nos parecen al principio.
Y justo este es mi caso.
Ahora voy a explicaros mi propia experiencia.
Tengo que destacar que en España comer es un acto social, una causa para reunirse y charlar.
En Chequia los platos son tan potentes que la única cosa que podéis hacer es concentraros en comer y digerir.
Durante mi estada en Barcelona era un poco difícil para mí prestar atención en cortar la comida, masticar, escuchar y responder al tiempo.
Y por esto yo explicaba historias, así se crea una pausa para digerir después podía comer el segundo plato y comer más y más… y después un postre.
Casi lo mismo pasa con las famosas tapas.
A ver qué pasa si vais de un bar a otro y en cada uno tomáis una porción tan pequeña que no se considera un plato.
Por esto, para sentiros llenos tenéis que visitar unos cuantos restaurantes o bares.
Charláis y charláis y al final no recordáis ni qué habéis comido.
Hay una cosa que puede que no es tan conocida fuera de España: el pan blanco se come cada día y acompaña casi cada plato.
Yo hace tiempo dejé de comer pan porque especialmente el blanco lleva muchas calorías vacías sin dar los nutrientes a mi cuerpo.
Pero esto no tiene nada que ver con la cocina mediterránea porque comer pan blanco forma parte de su cultura.
Para defender la cocina checa hay que decir que nosotros comemos los platos típicos normalmente durante las fiestas, en absoluto no cada día.
Nuestra cocina tradicional lleva mucha energía porque gran parte del año hace frío aquí y el cuerpo necesita protegerse.
En España se come tres veces al día y se come mucho.
En casa estoy acostumbrada a comer cinco veces al día, tal y como nos dicen los nutricionistas, unas porciones pequeñas.
Al final de mi estada yo tenía una sensación de que en aquel país lo más importante es la comida – me parecía que después de desayunar ya tenía que almorzar y después de almuerzo ya tenía que cenar.
Todo un círculo vicioso.
Creo que podéis imaginar perfectamente cómo era yo cuando volví a la República Checa.