¡Cuántas veces a lo largo de mi vida he comenzado a aprender inglés!
Pero siempre encontraba excusas para aplazarlo.
Es como prometerte a adelgazar: te acercas a la nevera y tu cerebro se pone a engañarte: “No hay ninguna razón para esforzarnos ahora.
Vamos a empezarlo en verano”.
Además de la falta de obstinación y constancia, hay otros factores que nos convierten en novicios eternos y torpes del adiestramiento en lenguas.
Para mí el mayor obstáculo es mi terrible sentido de ridículo.
Todo el mundo dice que no hay nada más facil que encontrar amigos en internet y practicar la lengua extranjera con ellos.
Pero al imaginar a una persona desconocida oyendo mis faltas, siento escalofríos.
Además para la mayoridad de los rusos existen los motivos de índole fonética.
Es que el idioma ruso tiene sólo seis vocales, de modo que cuando tratamos de aprender inglés, es difícil entender para nosotros, que haya dos tipos de [a] o dos tipos de [o].
De tal manera a veces llevamos años sin captar las sutilezas de la pronunciación del idioma extranjera.
En esto somos muy parecidos a los españoles, quienes siempre tenían dificultades con aprendimiento de las lenguas a lo largo de la Historia.
Un testimonio muy divertido de este hecho es un libro del Inca Garcilaso de la Vega, quién es considerado el primer escritor mestizo de América.
En su texto “Comentarios Reales de los Incas”, publicado en 1609, describe lo mal que pronunciaban los colonos españoles en Perú las palabras de quechua – la lengua de los Incas.
De esa manera puedo consolarme de una excusa más: si puedo vivir sin esta lengua, esto significa que no la necesito tanto.
Mejor me concentraré en mi idioma favorita.
Como dice el proverbio, quien mucho abarca, poco aprieta.