(Un resumen de una cuenta de JK Rowling en el libro "Los cuentos de Beedle el Bardo)
Había dos magios, un anciano y su hijo.
El padre era un hombre simpático y generoso que siempre usaba su magía para ayudar a sus vecinos, que no tenían magia.
Sin embargo, no quería que los vecinos sabían la fuerza de su poder.
Por eso, él hacia sus pociones y encantamientos en una caldera que llamaba “el cazo de suerte”.
Cuándo el anciano morió, dió a su hijo el cazo.
En contraste con su padre, el hijo no quería ayudar a sus vecinos.
Al contrario, los odiaba y cerró la puerta en las narices cuando ellos lo pidió ayudarles.
A causa de su indiferencia a sus vecinos, el cazo de su padre lo tormentó.
La caldera crezcó un pie de latón y empezó saltar y hacer tan ruido toda la noche y todo el día como.
Ademas apareció en el cazo sintimas de las personas que el magio se negó a ayudar (esto es verrugas y sonidos de hambre y así).
En consequencia, el magio podía ni dormir ni comer.
Debido al tormento del cazo, el magio desperado empezó ayudar a sus vecino.
Tan pronto como el magio empezó ayudara a sus vecinos, el cazo acabó de hacer ruido.
Finalmente el magio podía dormir.
Sin embargo, continuaba ayudar a sus vecinos porque tenía miedo del cazo.