La primera vez que vi Frida fue en el vuelo número EZY1083 de Basilea a Barcelona.
Trabajaba como azafata por la compañia Easy Jet.
En su placa vi que hablaba alemán y castellano, en su cara vi una sonrisa que me tocó como una raya.
Tenía el pelo negro y un poco rizado.
Frida no era el nombre que llevaba puesto en su placa, es un apodo que la di en la primera mañana que pasamos juntos después de una noche inolvidable.
Pero es otra historia.
Las azafatas siempre son amables.
Es por eso que me dio tanta sorpresa que Frida, en vez de mirarme con una sonrisa superficial, se acercó a mi orejo y sussuró: "Usted tuvo una noche larga ayer, verdad?" Estaba tan perplejo que solamente me salieron palabras tontas: "Sí.
De quién lo sabe usted?" Frida me miraba con un aire de superioridad: "Lo veo en su cara.
Buen vuelo y si necesita algo, llámame cuando quiera." Buscó distracción en mi periódico, pero esta cara no logró sacar de mi mente.