Las chicas que trabajaban en la misma oficina de Julie estaban muy aliviadas que había encontrado un novio.
Él la llamaba cada día, a veces dos veces al día, y ahora Margaret, o Christine, que contestaban el teléfono de Julie si había ido a tomar un café o a dar un paseo, decían, "Oh buenos días, Ollie.
Cómo está usted?"
Julie misma no estaba segura de si en realidad tenía como novio a Oliver.
A ella le gustó - no era posible que no te gustase, pensaba, a no ser que estuvieras perverso - y le gustaba cómo le escuchaba, pero había algo en la mente que hacía que lo dudara.
A fin de cuentas, hacía sólo un mes desde que Zoe y él se habían separado.
Él había intentado explicar que Zoe lo afascinaba, lo atraía su senso de alteridad, pero estaba seguro de que no se tratase de amor.
Después de haber dicho eso, se paró y miró a Julie como si estuviera dispuesto a comprender lo distinto que fue con ella, lo cómodo que sintió, lo sociable.
Oliver la animó a hablar de Carol.
Después de películas que habían visto o de imágenes delante de los cuales habían estado de pie en galerías, decía, "A tu madre hubiese gustado?
Tenía gusto moderno?
La mía no lo tiene.
El de mi madre se atascó en mil noveciento sesenta y cinco."
A Julie le gustó mucho el juego.
Fue mejor pensar en Carol con esta pequeño grado de objetividad que Oliver le había devuelto a los recuerdos de ella, Julie.