Nicolás fue al campamento para pasar tiempo en la naturaleza y para respirar profundo.
Como tenía problemas con respiración, cambiar el aire era lo mejor lo que podía hacer.
Desde cuando era pequeño, soñaba con pasar la noche durmiendo debajo del cielo cubierto de las estrellas.
Sin embargo sus padres no le permitían hacerlo por miedo de animales salvajes.
Cuando cumplió 18 años, lo primero que hizo fue ir a las montañas para montar la tienda de campaña en el campamento.
No era lo que pensaba.
Al principio había muchedumbre y hacía ruido y por supuesto no había ningunos animales.
La gente cantaba al rededor de una hoguera lo que espantaba los animales salvajes.
Nicolás no podía cerrar el ojo, porque la gente no paraba cantar y hablar hasta la madrugada.
El día siguiente, al campamento vinieron los scouts y abordaban a la gente para preguntar si necesitan ayuda con pelar patatas o limpiar la tienda de campaña.
Nicolás estaba harto de la gente todo el tiempo le molestara.
Decidió que quitar el campamento y buscar otro lugar no necesariamente predestinado a campar Montó su tienda en una roca y como no tenía ni experiencia ni conocimiento la montó en una tierra mojada.
Durante la noche, cuando llovía, el agua entró en su saco de dormir y le despertó es seguida.
Intentaba buscar la linterna y cuando la encontró, resultó que funcionaba.
Ni siquiera en su móvil portátil no había cobertura.
Aunque tenía 18 años y era un hombre bastante bien hecho se puso a llorar, su llanto se podía escuchar en el campamento del que se había fugado.
Eran las 3 de la mañana, cuando scouts vinieron con ayuda.
Le llevaron hasta su grande tienda de campaña y le permitía dormir con ellos.
A Nicolás le daba vergüenza reconocer que no podía aarreglarselas, entonces dormía hasta que los niños se fueran al bosque y cuando ya no había nadie, salió de la tienda de campaña, cogió su mochila y se fue.
No dijo nada a sus padres, pero después ya no campaba.