Desde el primer estadillo que ocurrió en el espacio, es decir desde siempre, se echan pestes del hombre contemporáneo.
Siempre se habla de él, y siempre se le tilda de solitario, pesimista, y cualquier otro termino repleto de lacra y desgracia.
Y tanto es cierto que la Academia Sueca suele otorgar el Premio Nobel de Literatura a los que hayan retratado al hombre contemporáneo con rasgos podridos y feos.
Del hombre contemporáneo se dice de todo.
Se lo culpa del nefasto, del espantoso que ocurre en cualquier rincón del mundo.
Opresiones, matanzas, escabechinas son causas directas de sus acciones, y además no hace nada para evitarlas, sino que se queda impertérrito antes los acontecimientos.
Eso se podría poner en tela de juicio debido a la proliferación de las organizaciones gubernamentales cuyo objetivo sería ayudar los más indigentes.
En realidad, el hombre contemporáneo no está completamente desatinado.
Aún, pese a su cuerpo de granito, se conmueve ante las desgracias de los demás.
Hace unos años, el hombre se enteraba de unas pocas hecatombes.
De hecho, los habitantes de una ciudad solían desconocer una cualquier matanza llevada a cabo en un barrio distinto.
Por eso, la capacidad de convivir con el horror siempre ha sido muy limitada y si así no fuera, el hombre se sentiría agobiado por el mal del mundo, en este caso solo se enfoca al carácter abrumador de su alrededor.
Desde hace unos años todo el mal que nos rodea nos llega a través de la televisión, y esa caja hablante nos transmite de todo a pesar de lo remoto que es el lugar de la matanza.
Por ejemplo, en los años 90, el televisor solía tratar los acontecimientos de los lugares más lejanos de la tierra, como Somalia, Ruanda, Chechenia.
Ahora bien, se solían difundir esas noticias porque ya había un interés previo o porque era algo que podría tener mucho éxito y al final se convertiría en las ultimas noticias.
Eso me pregunto.
Pues bien, hoy en día, tenemos muchos medios de comunicación que se emplean para hacer saber al mundo el padecimiento de los demás, aunque eso sirva para concienciarlos.
La sensación actual es que el hombre actual esta insensibilizado porque la sensación que tenemos es de desastre continuo y de desgracias incesantes y sin fin