En las playas de una isla cerca de Nápoles, el calor causa estragos.
Un chico de 16 años pasa el verano allí con su familia, como siempre.
Pero ese año, las cosas están a punto de cambiar.
El niño se está haciendo adulto y sus ganas de descubrir el mundo son más fuertes que nunca.
Ese verano aprende la pesca, su arte, sus técnicas, su dificultad y su influencia en la vida, todo eso gracias a Nicola, un pescador y amigo de su padre.
Durante las largas horas de tranquilidad y silencio pasadas en el barco, de noche o de día, ese le cuenta al joven trozos de su pasado que se mezclan con la historia de Italia: la guerra, Yugoslavia, el miedo en todas partes, el horror de los combates, y luego las ganas de seguir avanzando sin olvidar lo que pasó, sin olvidar los errores.
A ese viaje hacia la edad adulta se junta una chica, más mayora, extranjera, misteriosa, y por la cual el joven pescador siente inmediatamente un amor que se mezcla con un fuerte cariño casi paternal.
Ella es judía, lleva dentro heridas que tarda en compartir con el joven pero que a él le ayudarán a completar su investigación sobre la trágica historia de la Segunda Guerra Mundial, con un punto de vista diferente.
Lo lleva a descubrirse a sí mismo a través de unos gestos que no son suyos y a sentir y hacer cosas que él nunca había imaginado sentir o hacer.
Una historia sencilla pero que conmueve y pone en escena de manera muy justa la adolescencia, sus dudas, sus preguntas y sus ganas de saber y de sentir.
Todo esto ambientado en las playas de una isla italiana, donde el verano parece trascurrir sin dejar huellas, fuera del tiempo, como un sueño, y donde lo único que puede hacernos regresar a la realidad son las heridas que dejan las líneas de pesca en las manos o las historias pasadas en el corazón.