Abrid los oídos y aprended todo lo que podáis.
Vivir en el extranjero es una experiencia que puede aportaros mucho más de lo que pensáis.
Basta estar atento y escuchar, con los sentidos y con el corazón.
Así es como más se aprende, y no solo acerca del país, sino también acerca de nosotros mismos, de nuestro origen, de la vida y de nuestras convicciones, cuyos contornos se hacen menos evidentes cuando nuestra opinión se encuentra confrontada con muchos otros puntos de vista distintos.
Esforzaos también para aprender el idioma nacional lo mejor que podáis.
Conocer una lengua extranjera siempre es una gran ventaja en muchos ámbitos, y aunque pueda parecer difícil dominarla, es muy posible cuando estamos inmersos dentro.
Además, la gente valorará vuestros esfuerzos para aprender su idioma.
De hecho, el contrario generalmente da mala impresión.
Mucha gente también estará dispuesta a ayudaros en vuestro aprendizaje si lo necesitáis, y a enseñaros muchas palabras y expresiones de las cuales pocos profesores os hablarán en vuestro país.
Así que estad atentos porque en cada ruido, cada discurso, cada canción y cada refrán se esconde una preciosa verdad.