Ayer, un viento de energía creativa me sopló en plena cara, y hoy quería compartir este sentimiento con vosotros.
Porque a veces es muy agradable sentir un poco de fantasía, de colores y de luces.
Fui a dar una vuelta a ese mercadillo de Navidad de artesanía que ponen en la Plaza de España de Madrid.
Podría tirarme horas allí, se puede encontrar de todo en ese mercado, de las joyas a los candeleros, de los juguetes más originales a los relojes de todos tipos.
Y allí uno se pierde, con los ojos bien abiertos.
Es un verdadero placer sumergirse en el universo de aquellos artesanos que algún día tuvieron una idea, que la amaron, la cuidaron y hoy han hecho de ella su vida.
Me encanta ver que hay gente que tiene sueños y que cree en ellos por encima de todo, a pesar de los obstáculos y del desánimo, a pesar del poco de importancia que el mundo da a sus proyectos y de la falta de sitio para ellos en las prisas de la vida diaria.
Me da mucha alegría ver que quedan personas, como aquellos artistas que conocí, que decidieron crear algo, que sea una pulsera o un cuadro, y que pusieron todo su corazón en su proyecto, que hicieron pasar la pasión antes que el dinero, que se arriesgaron y que hoy viven rodeados por su obra, humildemente, pero con en el corazón la certeza de que están haciendo en su vida lo que han querido.
Para mí, el arte vale mucho más que el dinero.
Crear tiene más valor que cobrar.
Y la pasión es el mejor remedio contra la rutina y el aburrimiento del día a día.
Entonces lo único que me queda por deciros es esto: Cread, imaginad, poned colores en vuestra vida.
Nada es imposible cuando el corazón cree en algo, así que creed en vuestros sueños, confiad en ellos, vivid por ellos y no dejéis que la vida corte vuestros impulsos.
Yo sigo creyendo en mis sueños, y aunque esto suponga que tengo que luchar por ellos, hay una frase que no consigo olvidar: ¡Querer es poder!