La muerte de un burócrata es una película de comedia realisada en 1966 por el director de cine cubano Tomás Gutiérrez Alea.
Nació en 1928 en el seno de una familia burguesa y estudió cine en el Centro Sperimentale di Cinematographia en Roma.
Con el triunfo de la Revolución cubana, Gutiérrez Alea y otros jóvenes cineastas fundaron en 1959 el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico que es un colectivo de cineastas que creía que la película podía ser la forma de arte moderna más importante y el mejor medio para difundir el pensamiento revolucionario entre las masas.
La película que dura 85 minutos se burla de la burocracia cubana de la época antes de la revolución.
Es importante conocer el contexto político, económico y social de Cuba en aquella época para comprender el mensaje de la película.
En 1959, el país sale de la dictadura de Fulgencio Batista que duró siete años después del triunfo de las fuerzas revolucionaria el día de Año Nuevo de 1959.
El 16 de abril de 1961, Fidel Castro que fue el líder de la revolución cubana declaró por primera vez su carácter socialista.
Al día siguiente se produjo la invasion en la bahía de Cochino y el bloqueo comercial de los EEUU a Cuba en julio 1962 y la crisis de los misiles en octubre del mismo año son dos consecuencia de esta invasión.
Cuba entonces se encontró en una terrible situación y las primeras victimas fueron la populacion y más precisamente las personnas con bajos ingresos como lo muestra la película.
Se trata de un hombre enterrado con su carnet laboral que le necesita a su viuda para cobrar la pensión.
El sobrino del difunto vive alucinantes aventuras para recuperar el carnet de la tumba de su tío.
«La muerte de un burocrata» denuncia la realidad de la Administración en la Cuba post revolucionaria.
La película es una sátira penetrante contra la burocracia del Estado y denuncia un viejo mal, sus consecuencias y derivaciones, con el desenfado que caracteriza el humor criollo y caribeño.