Otra noche de verano, las luces de la finca apagadas, parece inmenso el manto estrellado.
Me siento chico bajo las estrellas que he mirado muchas noches.
Las mismas estrellas que ahora las miro al igual que muchos años atrás cuando soñaba con mi porvenir.
Hay valles alrededor y colinas en el horizonte.
Me acuerdo que este panorama se enriquecía con esporádicas luces encendidas durante pocas horas, y es extraño que hoy se vea una iluminación como si fuera un pesebre que prevalece durante toda la noche.
Así empezó años atrás, cuando poco a poco grupos de viviendas cobraron vida para la necesidad de evasión de los que, hartos de la ciudad, se fueron a la colina.
Mientras que los grillos y las cigarras me acuerdan de que el verano sigue estando aquí, busco mi estrella para decirle todo lo que aún no sabe y para desearle buenas noche.