Es verdad que los cambios económicos asociados con el thatcherismo hayan agravado los problemas sociales.
Pero esto no fue la intención de la Dama, ní fue mucho que habría podido hacer, el thatcherismo simplemente aceleró el paso desde estatus hasta contrato que es esencial a la vida económica moderna.
En las sociedades tradicionales, el estatus social fue influenciado por una gama de factores, incluso la edad.
En una economía globalizada, tanto depende de la capacidad de ganar, lo que depende uno por uno de el valor añadido que un empleador puede extraer.
Con tales contratos, la edad no concede estatus ni inspira la deferencia.
El thatcherismo tuvo otra consecuencia desafortunado.
Acabó con un vasto número de trabajos que fueron apropiados a los hombres no especializados y que les dieron una oportunidad de expresar su habilidad masculina.
Dicho eso, deberíamos tener cuidado de fantasear con el modo de vida asociado con la industria pesada y el labor manual.
Durante la mayoría del tiempo, fue tremendamente duro.
Además, fue inevitable que esos puestos de trabajos desaparecieran al Tercer Mundo, donde la mano de obra fue mucho más barata.
Si la señora Thatcher no hubiese actuado tan decididamente, la velocidad del cambio habría estado más lenta.
Pero las presiones de la globalización habrían siempre impulsado la sociedad británica hasta el modelo anglosajón, tal como están ahora impulsando la de Francia.